Despojo

Ξ March 28th, 2009 | → 5 Comments | ∇ Pensamientos, Relato |

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Miserable.

Sólo así puedo llamarte. Cobarde, si tal vez quisiera ser más preciso.

Sólo alguien perversamente pusilánime puede ser capaz de arrebatar tanto, despojarme de tan valioso tesoro por el simple gozo del sufrimiento ajeno.

Lo supe en aquel momento, cuando noté que había desaparecido. Ya nada será igual, pensé. No podría serlo.

Y de hecho así fue.

Solía en disfrutar de la simpleza de lo rutinario, porque si me piden que lo defina sólo puedo decir eso, de tan simple era necesario poner mucho empeño para encontrarle alguna arista interesante, o al menos algo que justifique tamaño vacío provocado por su ausencia.

Es lo que suele suceder con lo más preciado. Apenas reparamos en su existencia, de tan familiar, suponemos su carácter casi natural, imposible de disociar de nosotros mismos, y su ausencia no es siquiera una posibilidad.

¿Existe acaso la posibilidad de vivir si no respiramos?

Pero no crean que fue algo que se esfumó en un instante. Nada más alejado de la realidad: ladrón artero, silencioso; con la parsimonia de quien se sabe impune, con la necedad ajena como mejor aliado.

El despojo fue así, de a poco, migaja por migaja, tenaz y brutal; sin pausa, sin piedad.

Me encontré un día, o una noche -da lo mismo en realidad- desnudo, solo entre marañas de rostros, rostros sin ojos, ojos que no miran, gente que me rodea y me ignora, beduinos de desiertos propios. Ellos tampoco existen.

Al revisarme a mí mismo, temí lo peor.

Y generalmente esos temores se confirman.

Todo había desaparecido, así de simple, desvaneciéndose como el humo de aquel cigarrillo que apagué por última vez en mi mesa de siempre, como las risas francas de los amigos, como esos ojos oscuros que cerré con un beso.

Como el camello de Baltasar, que se fue y nunca se despidió.

Miserable, ruin, vil. Alguna vez me confesarás por qué lo hiciste, por qué me quitaste todo.

Alguna vez seré sincero conmigo mismo.

 

Al fondo del ánfora

Ξ February 12th, 2008 | → 5 Comments | ∇ Pensamientos |


…Y Pandora corrió, gritándoles a los hombres que en el fondo del ánfora aún quedaba la Esperanza…
¿Sabría acaso Pandora de las consecuencias funestas que acarrearía su curiosidad?
Seguramente no.
Porque de saberlo no hubiese mirado con buenos ojos aquel último de los males que permaneció en el fondo del ánfora. La esperanza, sobrevaluada, exaltada como virtud.
El último de los males de la caja de Pandora.
Esperanza, se han cantado loas en tu honor, mostrándote como uno de los rasgos más sobresalientes de la humanidad. Desde los albores del desarrollo del hombre, has sido entronizada como la panacea de todos los males, el último refugio de los desesperados, concediéndoles la vaga idea de que sus noches tornarán a días en un futuro indefinido.
Cara y ceca, tu noble virtud esconde su faz oscura.
Porque detrás del supuesto milagro que entraña su adoración, existe latente, vigorosa, su lado negro: la negación.
Porque la esperanza conlleva necesariamente la negación: de la realidad, de lo tangible, de lo perceptible, transponiéndolo a una dimensión etérea, indefinida, vaga, de magias y supercherías.
Esperanzas de vida eterna, forma de negar la muerte de soslayo; y negar la muerte es, en definitiva, negar la vida. Inseparables, la dualidad necesaria para que exista el fenómeno de la vida humana: saber que el destino innegable, irrefutable e insoslayable es la muerte.
Vivimos existencias monótonas y vacías, en la esperanza de una eternidad de placeres, despreciamos la vida real, por una remota, por una idea, en el mejor de los casos.
El Paraíso es la esperanza de los creyentes, a los agnósticos sólo puede reconfortarles la idea de que, en definitiva, podrán decidir cuándo poner fin a su dolor.
Caminamos ciegos el sendero de nuestra efímera chispa, creyendo que de alguna manera, en algún momento, la luz nos deslumbrará. Pero no estamos ciegos, sólo vendas cubren nuestros ojos, la tragedia del remedio que sólo causó más dolor.
Cada uno hallará la forma de sobrellevarlo, decidirá, por imperio de las fuerzas que lo muevan, y transitarán vendados los escollos del camino.
O no.
Amos y señores de nuestros destinos, y de cómo habremos de sortear los obstáculos, en definitiva, la última virtud que esconde el ánfora.
Y en el Olimpo de nuestras almas, resuenan las últimas carcajadas de los dioses olvidados…

El video es una versión del tango “Yira Yira” de Enrique Santos Discépolo, uno de los compositores más admirados por mí, por la contundencia, el realismo y la actualidad de las letras de sus tangos, escritos hace casi cien años. Esta versión, a cargo de Javier Calamaro, fue elegida no por ser la mejor, sino como una muestra de lo dicho anteriormente. Muchos términos están en lunfardo, por lo que si no se entiende bien, leer la letra.

 

Ridi, Pagliaccio! (Todos aplaudirán la tragedia)

Ξ January 26th, 2008 | → 5 Comments | ∇ Pensamientos |

Las candilejas arrojan sus primeras luces, tenues, casi renuentes a iluminar la representación de la tragedia de una vida que comienza.
Inicia sus primeros actos, el proscenio de nuestra existencia, desde el principio bajo un implacable guión de macabro autor. Aquel sin rostro, aquel que pocos se atreven a contrariar.
Seguimos mansamente el papel que nos vino en suerte personificar, por oscuro designio, por fatal inacción, la que nos mantiene impasibles sin cesar a lo largo de nuestra efímera terrenalidad, a las órdenes del libreto que se espera que sigamos.
Comienza la comedia.
Portamos el disfraz, afianzándonos, acostumbrándonos a llevarlo, un condenado resignado a su yugo. Es parte de la comedia, risa por llanto, burlas por sollozos. En nuestro interior, el alma libre pugnando por emerger, sepultada por montañas de convencionalismos.
Los actos transcurren sin cesar, como los años que se agotan, uno a uno, irremediablemente y en cada acto seguido obsecuentemente, una oportunidad más de abandonar la obra escurriéndose por entre las manos.
Ocultamos nuestros sentimientos, callamos el grito de la rebeldía del espíritu, nos adentramos en las oscuras aguas del desolador tedio, siendo espectadores de nuestra propia tragedia, en paciente espera del telón que cierre la farsa.
¡Ríe Payaso, y todos aplaudirán!
Cruel estigma de quienes visten sus ropas, los que ocultan su dolor tras el blanco maquillaje, el trágico rol del payaso, preso de su disfraz, riendo cuando llora por dentro.
Y así será, cuando por fin el telón caiga, que no encontraremos con la realidad del escenario, con la falsedad de la escenografía, simples fachadas, magistral concepción del engaño.
La redención del espíritu, salvación del Payaso, es romper con el libreto, permitirnos la libertad de improvisar, salir del papel que se espera representemos.
Por fin, cuando las candilejas se apaguen, cuando no exista público al que deleitar, en la oscuridad del foro vacío, sólo sobrevivirá la obra única e irrepetible del payaso que se atrevió a mostrar sus lágrimas.

La commedia é finita!



El video es el fragmento final del primer acto de “I Pagliacci” de Ruggiero Leoncavallo, interpretado por Pavarotti, a modo de homenaje a uno de los artistas contemporáneos que más contribuyó a la difusión de los clásicos de la música.
Mal que le pese a muchos elitistas…

 

Necedad y negación

Ξ January 21st, 2008 | → 8 Comments | ∇ Relato |

Sus ojos eran incapaces de transmitir nada.

Simplemente podías mirarlo, fijar tu mirada con la suya y esperar, eterna espera. Sólo lograrías percibir una extraña tensión, fruto de temores fundados en prejuicios. Nada más.

Y nada menos.

La convivencia trae aparejada la familiaridad con la que se puede aceptar a alguien, aunque siempre supieras que sostener esa mirada por demasiado tiempo no era posible. Aún así, ajeno a los agoreros pronósticos, voces siempre dispuestas a juicios infundados, condenatorios de antemano; decidí que podrías convivir.

Siempre ajeno, siempre ausente, dos solitarios, solos entre muchos, inmersos en la ciénaga de sus pensamientos, siempre al acecho, con su esencia latente.

El tiempo pasó, guiándonos a la única certeza, irremediable, como su paso; y seguiste aquí, participándonos de tu presencia, excluyéndonos de tu existencia.

Pudiste engañarnos a todos y tal vez el embuste no fue tuyo, a veces la negación toma rumbos impensados. Nada parecía indicar que serías consecuente con quienes te apuntaban con sus gestos reprobatorios, con sus palabras de odio e ignorancia.

Y ahí seguiste, impasible, en tu rincón de soledades elegidas, con tu mirada fría y vacía. Y el temor latente…

La necedad fue la llave de los cerrojos de la confianza. Esa necedad, negación de la realidad, antítesis de toda razón, fue la que permitió espantar el temor.

Un error imperdonable.

Lo comprendí esa tarde en que te encontré, sentado, impávido, silencioso con tus ojos fríos observándome. A tus pies, los restos inertes de tu víctima, pagando con su vida credulidades ajenas. Justo la más débil, justo la más indefensa, consecuente con tu naturaleza.

Y ahora, con el recuerdo permanente del hedor de la muerte puedo comprender que no se puede traicionar la propia esencia, ese reducto infranqueble, íntimo tesoro que muestra quienes somos realmente.

Las bestias siempre serán bestias, los crédulos siempre creerán.

 

Carta en dos entradas: al silencio

Ξ December 29th, 2007 | → 13 Comments | ∇ Pensamientos |


Soñé con la soledad.
Como se sueña con años de amarguras idealizadas por el tiempo.
Y en esos sueños, extrañando una figura que jamás ví, esperando el momento, bestia voraz de deseo insatisfecho, deseando lo que jamás se tuvo.
Un sueño que consumió una vida, una vida en infinita espera de ser vivida, eterno círculo de dolor, alimentándose a cada segundo de la savia vital de la juventud sepultada.
Un día apareciste, con tu sueter verde y tu mirada esquiva. No fue necesario que dijeras nada, sabía quién eras. Y tu perfume inundó mi alma, reviviendo a su paso un corazón reseco de soledad y frustración.
Llegaste para sanar mis heridas, y tal vez no supe darme cuenta. Y aún así estuviste.
La dulzura de tus ojos, tu solapada inocencia y el desparpajo de tu amor por la vida. Conocí la sonrisa, el calor, tu cercanía en mi pecho y el cigarrillo compartido. Tus manos fueron las mías, entrelazándonos en uno solo, guiándome por senderos desconocidos.
Tirano de los silencios, como mudos tu sollozos; y el fulgor de tu alma, impasible, a pesar de mí.
Siete años pasaron, de bonanzas y tormentas, y un milagro proyectándonos.
Y en mis silencios, en mis noches esquivas, pobres palabras, pobre consuelo de necio.
Y tarde, como siempre.

 

Carta en dos entradas: antes de conocerte

Ξ December 29th, 2007 | → 11 Comments | ∇ Pensamientos |


Recuerdo haberte soñado de mil formas, tu perfume, el timbre de tu voz.
Casi podría decir que te reconocería en el momento que nuestros caminos se cruzaran por primera vez.
Durante años anidaste en mis deseos más profundos, ocupando cada rincón en mis pensamientos. Entraste en mis visiones subrepticiamente, escurriéndote por entre los rincones de mis juveniles fantasías.
Te construí como se construye un castillo en la arena, te fui dando forma, creando el dulce sonido de la voz que jamás escuché, imaginé tus ojos y ya no existió mayor pureza, la suavidad de tu piel, y el escozor de su cercanía.
Hasta te doté de un espíritu y cobraste vida, creciendo, sintiendo, amando. Tu corazón latió junto al mío al unísono de una sinfonía que jamás podrá ejecutarse. Nos elevamos y fuimos sólo uno.
Por años te esperé, a cada segundo imaginé verte en mil rostros desconocidos. Te busqué y en la búsqueda se me fue la vida.
Mis juveniles fantasías ya no son juveniles, y el tiempo, el mismo que me cubrió con su blanco manto, me dijo que tal vez no te conocía. Tal vez fuiste uno de los rostros que olvidé. Nunca podré saberlo.
Y en el minuto final, cuando todos los misterios dejen de serlo, sabré que siempre estuviste conmigo.

 

Memoria y balance

Ξ December 23rd, 2007 | → 9 Comments | ∇ Pensamientos |


No por remanido menos necesario. Una evaluación, pausa y reflexión de lo que dejó este año.
Es imposible resumir todo lo acontecido en una sola frase. Es tal el espectro de situaciones, sensaciones y vivencias que harían esta empresa un verdadero imposible.
Me queda si, la reafirmación de pensamientos, una forma de encarar la vida. Tal vez sea un camino plagado de escollos, pero en mi interior, mantengo la satisfacción de la firmeza de lo que pienso.
Han sido innumerables, penosas y difíciles, pero con la coherencia como principio rector, al menos es un consuelo. Quiero ser claro en este punto: no me interesa ser políticamente correcto. Sólo debo fidelidad a los principios que me mantinen en pie. Ud. que está leyendo esto, tal vez haya sido testigo de lo que puede llamarse una visión oscura de la vida. Mi visión: mi vida. No quiero disimularlo, las cosas que me molestan me molestan en serio y aquellas que me producen alegría trato de disfrutarlas de la mejor manera posible. Tal vez sea una verdad de Perogrullo, pero por acción de muchísimos factores son pocas las veces en que este principio puede ser puesto en práctica. Convencionalismos, creencias, carencias entre otras, nos quitan la posiblidad de regalarnos a nosotros mismos el tesoro de la coherencia. La necesaria correlación entre sentir y actuar, creer y defender esa postura, el precioso sentimiento de la fidelidad a nuestro verdadero sentir.
Y en el proceso, a veces debemos toparnos con la indiferencia, el rechazo y la incomprensión, pero son precios demasiado bajos para amedrentarnos, en tanto nos quede la satisfacción de la lucha. Porque es este proceso la verdadera esencia de nuestro legado al mundo. No podemos caer en la ilusión de que todo pueda ser cumplido, que todo cuanto deseamos pueda ser posible. Hacerlo, nos condena a constantes desilusiones, frustraciones que no hacen sino dejarnos a merced de embusteros que nos ofrecen soluciones eternas.
Ha sido este, un año de matices claroscuros, como suelen serlo todos, pero ha sido en suma importante, porque me permitió adentrarme en este intrincado mundo de la manifestación escrita de mis pensamientos. Discutir si es bueno o no, si sirve de algo o no, me excede absolutamente. No me compete a mí hacerlo, dejo a cada uno de Uds. tal valoración. Sin embargo, a través de este medio he podido conocer algunas personas de quienes no puedo ocultar mi admiración. Creo que ya lo saben los aludidos, por los que voy ahorrar(les) la lisonja.
Las mutaciones en la dirección que tomó este humilde blog, (humilde por diversas razones: ya verán que no existe el menor alarde de talento en el diseño, por no contar con una inmensa cantidad de visitas, etc.) son las mismas que acompañan estados de ánimo, o por qué no, las que siguen a la dinámica de las ideas. El pensamiento no debería ser estático, siempre debe estar en movimiento, agazapado en procura de una dirección a seguir. Así lo siento.
Es por ello que decidí en su momento desechar algunos tópicos y encaminarme hacia otros, tanto como decidí una forma de publicar. Espero que sepan disculpar erratas involuntarias, todo lo que se publica se hace “en caliente”, esto es, sin revisiones y tal como sale, como una forma de evitar que se pierda lo espontáneo. Algunas saldrán mejores que otras, pero prefiero eso a tener que cercenar lo que pienso en el momento que publico un post.
Para concluir, mi sincero agradecimiento a quienes comentan (fundamentalmente), son una parte necesaria y el combustible necesario para seguir con esto. A los visitantes ocasionales, a quienes llegar sin querer o por equivocación, mis agradecimientos también, puesto que de esta manera he podido descubrir a personas de honda sensibilidad, sumamente talentosas y que me han permitido conocer lo valioso de sus ideas, aunque a alguna de ellas haya llegado accidentalmente.
Espero poder publicar más seguido, a veces se complica, y no puedo darle a este espacio todo el tiempo que quisiera, pero con el inicio del nuevo año espero tener disponer de los momentos necesarios.
A todos: a quienes regresan a menudo, a quien lo hace ocasionalmente, por error o descuido. A quienes me otorgan el regalo de sus comentarios, a quienes no lo hacen: los insto a descubrir lo maravilloso de la retroalimentación de ideas.
A todos: muchas gracias y felicidades.

 

Dualidad

Ξ December 11th, 2007 | → 9 Comments | ∇ Relato |


Fue una noche como cualquier otra. Apenas había posado sus pies en el interior del sombrío departamento. El vaho acumulado de todo un día de verano hacía que el ambiente fuese absolutamente irrespirable.
La morada de un hombre sin hogar, pensó para sí mismo, al contemplar lo espartano de la decoración. No necesitaba demasiado, en realidad, él hacía su vida afuera. Ésto era sólo un lugar para dormir, seguramente más barato que un hotel.
Rápidamente se quitó el traje, pegado en su cuerpo, con los rastros de sudor aún empapando su camisa. Necesitaba un baño, sentirse libre y fresco, aunque en su interior fuese un inconmensurable mar de magma. Una simple grieta sería suficiente para hacerlo estallar.
El contestador repitió su consabido coro: llamadas intrascendentes, cosas del trabajo.
Entonces, el segundo que cambiaría su vida en absoluto.
Una figura, fugaz, esquiva, colándose de soslayo por entre las sombras, para por fin detenerse en un rincón. No emitió sonido, se quedó allí, estática, mirándolo fijamente.
Sólo pudo mirarla por el rabillo del ojo, paralizado por el horror. No se consideraba una persona impresionable, pero siempre hay excepciones.
Una sombra, sólo dos ojos ojos, enormes, penetrantes, observándolo fijamente, sin proferir sonido alguno. Sintió que se clavaban en los suyos, dos dagas perforándolo. Preso del pavor, aunque intentase, las palabras no salían de sus labios. Fue la bestia la que por fin rompió el silencio.
-Soy la respuesta a todas las plegarias, vengo del lugar donde todas las metas son alcanzadas. donde todos los anhelos son satisfechos, todos los interrogantes están resueltos, y hacia allí vas…
La bestia, en un solo movimiento repentino se abalanzó sobre él, inmovilizándolo, ahogando los alaridos con sus garras. -Ahora tu viaje debe comenzar.
Y de repente estaba ahí, sobrevolando el mundo, pero no el que conocía. Un mundo de paz, un mundo perfecto; el horrible ser estaba a su lado. No lucía tan atemorizante. ¿Cuál es tu nombre? apenas pudo balbucear. -Mi nombre no interesa, tengo tantos como pueblos me han nombrado, estoy en todas partes sin que nadie se atreva a decirlo. Lo que importa es que conozcas lo que vengo a obsequiarte
Vio su propia vida, lo actual y lo futuro, se vio obtener cada uno de sus logros más deseados, uno a uno se fueron cumpliendo todos sus sueños, mientras la horripilante bestia zalamera gritaba estrepitosamente su júbilo fingido. Le aseguró que todo cuanto desease estaría a su alcance, tan sólo de pensarlo y ya estaría concedido. -Ya no volverás a preocuparte por nada, en esta tierra maravillosa todo es tuyo, dijo, al momento que le arrojaba encima todas las riquezas que podía sostener.
-Sólo una condición debes cumplir, sólo una y de tan pequeña no sabrás que lo has hecho, susurraba al tiempo que le envolvía con sus garras - Lo terrenal de esta vida, su agridulce sabor te será ajeno desde ahora. Si deseas el premio, debes renunciar a tu condición humana, debes negar tu naturaleza, tu impulso vital, la esencia de tu ser. Será el renunciamiento la llave que abra todas las puertas. Será tu negación lo que te hará inmortal. Y el precio es bajo, un vida de condicionamientos por una eternidad de placer…
-Te visitaré mañana en la noche, me comunicarás tu decisión, aunque te conozco lo suficiente para ya saberla de antemano. No debes pensar demasiado, nadie ni nada podrá darte más que esto que pongo a tu disposición…
Despertó en su espartano departamento, oscuro y caluroso, creyó haber tenido un mal sueño y nada más. pero pudo observar que los ojos de la criatura estaban allí. Donde mirase, esa bestia maligna estaba. -Debo decidir, repitió para sus adentros, no hay demasiado que pensar. Un mundo donde todo es posible con sólo desearlo, un mundo donde nada me es negado, mis anhelos aún los más retorcidos. No hay demasiado que pensar.
La noche llegó, y tras ellas varias más; cuando el olor nauseabundo del cuerpo que se descomponía alertó a los vecinos decidieron abrir la puerta. Junto al cuerpo del hombre que yacía sin vida, sosteniendo un arma en su mano, se encontraba una nota. Sin demasiadas palabras, sin destinatario específico.
De nada quiero una vida, si esa no es vida, de nada quiero un paraíso donde todo sea posible, donde nada me cueste, donde nada disfrute. De nada serviría desear el amor, porque no lo habría conquistado. No quiero ese paraíso, eso sólo puede ser el infierno.
La bestia se vale de cualquier método para lograr su objetivo. Aunque esa bestia seamos nosotros mismos.

 

Iniquidad

Ξ November 25th, 2007 | → 11 Comments | ∇ Pensamientos |


¿Cómo será el mundo visto desde una jaula?
La pregunta apareció de la nada. Recordó haberse preguntado eso mismo muchos años atrás, en la inocencia de su temprana niñez, en una calurosa siesta de verano, mirando la dorada prisión del inocente canario. Su destino, sellado desde el principio, había sido la cárcel que lo albergaba. Su canto, lo bello de su trinar, había sido su desgracia; sin juicio, sin delito. Tan sólo condenado por ser bello. La naturaleza cínica de los hombres.
Se lo había preguntado a sí mismo en su infancia, hoy, varios años después, como un déjà vu de su niñez, la pregunta retumbaba en su cabeza. No le dio demasiada importancia, tan sólo era el aburrimiento que le hacía divagar.
En el fondo sabía que había algo más.
Transcurrieron días, varios, chatos, con el sonido de su propia voz de niño y su interrogante. Había descubierto los primeros esbozos del concepto de injusticia, viéndola, apreciándola en aquel pajarito que desconocía la verdadera naturaleza de su miseria. Nada sabía de eso, obstinadamente regalaba a sus carceleros los dulces sonidos de su canto. La vida es así, pensó con su mente contaminada ya por años de iniquidades.
Pero el cinismo no es sólo atributo de los hombres, la dorada jaula, su encierro y esclavitud era todo lo que conocía, tal vez liberarlo, ya con sus instintos sepultados sería entregarlo a una muerte segura. Con los hombres suele suceder lo mismo.
Pensó en sí mismo, recorriendo sus propias vivencias, en el espanto que le produjo aquel primer avistamiento de la crueldad, y en cómo esas primeras sensaciones fueron perdiendo su fuerza a medida que las vio repetirse. Pensó en sí mismo volviéndose insensible, como una defensa ante lo inevitable.
Por donde veía alcanzaba a observar jaulas. Hombres, niños, nadie quedaba fuera. ¿Qué sería de ellos sin las jaulas?
Nunca le convenció la remanida analogía de la vida en la selva. Allí todo es armonía, en perfecto balance, constante tragedia de la vida, cada uno de los elementos que la componen son parte fundamental. Hasta el último de los insectos cumple su rol para asegurar que el andamiaje del ecosistema se mantenga en pie. No pasa lo mismo en el mundo de los hombres. Donde se vapulea sin piedad al otro sin más recompensa que la satisfacción de su sadismo.
Y el mundo, impasible, en su giro permanente.
Jaulas. Los barrotes están ahí, frente a todos. La misma ceguera ante el dolor ajeno impide verlos. Pero están ahí.
Ahora sabe cómo se ve el mundo desde una jaula.

 

Sueños

Ξ November 8th, 2007 | → 4 Comments | ∇ Relato |

Trunco.
Una sola palabra, una sentencia. Una oruga que nunca será mariposa. Entonces: dolor.
Conocía bien ese sentimiento, agonía constante de sueños mutilados. Había inventado refugios para guarecerse; a la larga todos ceden, no hay fortificación que resista los embates del interior. Sí, la música lo elevaba, bilocándolo en ámbitos celestiales, pero invariablemente el dolor lo arrancaba, arrastrándolo nuevamente a la terrenalidad de sus penares.

Vanamente había intentado integrarse, la masa atrapa, pero no a los que son como él. Había decidido que su silenciosa agonía sería sólo suya, la integración a las masas requería el renunciamiento, a su ser, a lo indefectiblemente propio, sus pensamientos, su pena.

Y no podía permitirse el lujo de avizorar milagrosas soluciones, privilegio reservado a los optimistas patológicos que le recomendaban drásticos cambios en su forma de mirar el mundo. La idea, aunque siempre rechazada por inverosímil había anidado en su conciencia, como una posibilidad imposible, banal utopía de negación a cambio de felicidad. De ninguna manera.

Negar la existencia del dolor, aferrándose a fútiles esperanzas, silogismo siniestro que sólo podía acarrear un mayor sufrir al final. Sin embargo, estaba la posibilidad latente, aunque luchase conta ella.

Esa noche durmió, y en sus últimos pensamientos intentó soñar, como dictándole un libreto a su subconsciente. Pero la mente no acepta imposiciones, sólo reconoce los mandatos propios, incorruptibles a los deseos que intentan doblegar su voluntad. Entonces soñó.

Y en sus sueños conoció un mundo distinto, luminoso, tan distante de la oscuridad de sus días, recorrió verdes prados, con gente afable, de amplias sonrisas y y dispuestos abrazos.

Día tras día recorrió el mundo de sus sueños, y conoció el calor de la mano tendida, y los dulces labios del amor. Todo era felicidad en ese mundo de fantasía, sucediéndose en un ritmo constante, manso. Eso, la mansedumbre, era lo fundamental.

Continuaron los años de sus sueños, en su andar parsimonioso, una tranquila balsa en un mar de tranquilidad, días tibios y noches estrelladas, sólo mansa paz.

Y el tiempo dejó entrever su lado oscuro, constancia de su estado sólo trajo aparejado el tedio, una pequeña molestia al principio, creciendo, desarrolládose tan avasalladoramente como la paz del ambiente.

Y el tiempo, enemigo de quienes osan desafiarlo mostró su inefable lección, al final de los días de su felicidad de ensueño el tedio le asfixiaba, una piedra en su pecho bregando por salir, un espíritu tumultuoso luchando por aflorar.

Se vió a sí mismo sucumbir amargamente entre verdes prados y eternas sonrisas, inmutables, distantes. Y despertó.

Aterrorizado por la experiecia onírica, recapituló sus propios sentimientos, luchar contra su propio espíritu es destrozar su propia esencia. Lo trunco lo es realmente cuando se acepta el conformismo como principio rector.

Y entonces lo comprendió, la felicidad siempre estuvo allí, no necesitaba de impostados abrazos, de rostros vacíos y vencidos. El dolor es necesario para seguir viviendo, recordándonos nuestra naturaleza humana, meciéndonos al viento, siempre oscilantes de la felicidad a la pena, de la alegría al dolor.

Sazones, sólo eso.

Entonces sus sueños, los verdaderos fueron posibles, sin optimismos negadores ni pesimismos invalidantes, sólo realismo.

Pudo entonces, por fin sonreir, de verdad.

Una mariposa emerge de su capullo.

 

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