Al fondo del ánfora
Ξ February 12th, 2008 | → 4 Comments | ∇ Pensamientos |
…Y Pandora corrió, gritándoles a los hombres que en el fondo del ánfora aún quedaba la Esperanza…
¿Sabría acaso Pandora de las consecuencias funestas que acarrearía su curiosidad?
Seguramente no.
Porque de saberlo no hubiese mirado con buenos ojos aquel último de los males que permaneció en el fondo del ánfora. La esperanza, sobrevaluada, exaltada como virtud.
El último de los males de la caja de Pandora.
Esperanza, se han cantado loas en tu honor, mostrándote como uno de los rasgos más sobresalientes de la humanidad. Desde los albores del desarrollo del hombre, has sido entronizada como la panacea de todos los males, el último refugio de los desesperados, concediéndoles la vaga idea de que sus noches tornarán a días en un futuro indefinido.
Cara y ceca, tu noble virtud esconde su faz oscura.
Porque detrás del supuesto milagro que entraña su adoración, existe latente, vigorosa, su lado negro: la negación.
Porque la esperanza conlleva necesariamente la negación: de la realidad, de lo tangible, de lo perceptible, transponiéndolo a una dimensión etérea, indefinida, vaga, de magias y supercherías.
Esperanzas de vida eterna, forma de negar la muerte de soslayo; y negar la muerte es, en definitiva, negar la vida. Inseparables, la dualidad necesaria para que exista el fenómeno de la vida humana: saber que el destino innegable, irrefutable e insoslayable es la muerte.
Vivimos existencias monótonas y vacías, en la esperanza de una eternidad de placeres, despreciamos la vida real, por una remota, por una idea, en el mejor de los casos.
El Paraíso es la esperanza de los creyentes, a los agnósticos sólo puede reconfortarles la idea de que, en definitiva, podrán decidir cuándo poner fin a su dolor.
Caminamos ciegos el sendero de nuestra efímera chispa, creyendo que de alguna manera, en algún momento, la luz nos deslumbrará. Pero no estamos ciegos, sólo vendas cubren nuestros ojos, la tragedia del remedio que sólo causó más dolor.
Cada uno hallará la forma de sobrellevarlo, decidirá, por imperio de las fuerzas que lo muevan, y transitarán vendados los escollos del camino.
O no.
Amos y señores de nuestros destinos, y de cómo habremos de sortear los obstáculos, en definitiva, la última virtud que esconde el ánfora.
Y en el Olimpo de nuestras almas, resuenan las últimas carcajadas de los dioses olvidados…
El video es una versión del tango “Yira Yira” de Enrique Santos Discépolo, uno de los compositores más admirados por mí, por la contundencia, el realismo y la actualidad de las letras de sus tangos, escritos hace casi cien años. Esta versión, a cargo de Javier Calamaro, fue elegida no por ser la mejor, sino como una muestra de lo dicho anteriormente. Muchos términos están en lunfardo, por lo que si no se entiende bien, leer la letra.










