Compañeros

Ξ May 7th, 2008 | → | ∇ Relato |

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Siempre a desgano.
Si tuviese que nombrar sólo una de sus rasgos sobresalientes, ya sea en la faz personal, en lo social e incluso (particularmente) en lo profesional; tendría que decir que siempre hacía todo a desgano. De andar cansino, siempre más dispuesto al reproche que a la palabra amigable. Así lo conocí.
Hace de esto ya unos años, en momentos en los que las circunstancias de la vida nos puso en esa oscura oficina, y así le llamo, por simple decoro, si es por el aspecto no pasaría de ser una caverna.
Muy pronto empecé a conocer los matices de una personalidad que, a grandes rasgos, no ofrecía atractivo alguno. Llegué a odiar el momento que compartimos, sabiendo de antemano que las pocas palabras que saldrían de su boca serían sólo de desprecio hacia los demás. Parco, sólo dejaba salir algunos agrios comentarios en los momentos en que ese pequeño orificio debajo de su nariz dejaba de estar ocupado con una taza de café, tan oscura como él, o el pestilente cigarro al que había terminado por aceptar, más por resignación que por convicción.
Las mañanas eran monótonas, ya de por sí opiáceas por la tarea mecánica y recurrente que nos había tocado en suerte, pero agravadas por la presencia de este ser oscuro y avinagrado. En más de una ocasión intenté tender algún lazo con él, en forma de guiño cómplice, intentando crear esa suerte de camaradería de vestuario de club, con un comentario sexista y degradante sobre las “prominentes posaderas de la rubiecita de atención al público”, esperando que esto creara un ambiente distendido para hacer más corta la jornada. Ése debió ser mi primer error.
-Si aprendieras a pensar con la cabeza y no con los calzones, no serías tan firme candidato al despido, me espetó, con la misma parsimonia con la que hubiese redactado un simple memorando interno. Contuve la respiración para no mandarlo al carajo, para gritarle en la cara cuánto me desagradaba su existencia, sus comentarios, su vida amargada, su presencia insignificante en este mundo, lejano e inalcanzable para enanos mentales como él. Pero sólo tragué saliva y descargué mi ira con el inocente cesto de papeles del baño. Y sonreí al pensar que, efectivamente, mi compañero y el chivo expiatorio eran bastante parecidos.
Pero su malestar más notorio se evidenciaba en las interminables jornadas de principio de mes, días en los que debíamos cargar con el sobreturno que hacía que el horario se extendiera indefinidamente por la tarde. Y ahí no ahorraba gestos ni palabras para hacer(me) sentir su desagrado. Yo asentía en silencio, tratando de terminar la pesada tarea, deseoso de escapar lo más rápido posible de la hiel de su verborragia.
Y así fue pasando el tiempo, meses que sumaron años, siempre con este funesto personaje, nacido del más horripilante catálogo de gnomos que pudiese imaginar. El sólo imaginar su figura regordeta, su nariz afilada y su rostro surcado por unas tempranas arrugas, más propias de su gesto que de su edad, indescifrable. Inescrutable como su interior, hacían que considerase esa oficina una verdadera celda.
Los años limaron aquella aspereza del principio, pero nunca se abrió, jamás podría asomar el más mínimo atisbo de amistad en nuestra relación, pero debo reconocer que trabajábamos bien juntos. Era un tipo muy capaz, al que las vicisitudes de la vida habían condenado a su oscuro presente. Y tal vez mi optimismo le resultaba un insulto, una afrenta y quizás fuera la razón de ese desprecio que se podía ver en su rostro cada vez que cruzábamos alguna palabra.
Aquel día, entrando en la oficina bastante más tarde de lo habitual, con el recuerdo latente del exceso de alcohol en la punta de la lengua, y con la migraña cobrándose la deuda de la jarana de la noche anterior; grande fue mi sorpresa al encontrar la oscurísima habitación en absoluta soledad.- Este infeliz debe estar en la oficina del jefe quejándose de mi tardanza y quién sabe de qué otras cosas más, pensé mientras me desplomaba en la cansada silla giratoria. Apenas alcancé a alzar la mirada, cuando ví, sobre el escritorio, un sobre, con mi nombre en él.
- Hasta aquí llegué, o hasta aquí quisieron que llegue, me imagino que no estarás sorprendido por mi despido, pero asi son estas cosas. Que tengas mejor suerte que yo. Siempre te aprecié, sos un buen tipo…
Poco fue el tiempo que llevó desterrar al olvido a este ser obtuso; tan sólo fue el comentario de café de la tarde en que lo despiedieron y nada más, así de fungibles somos. Me dijeron que hoy me traen un nuevo compañero para que no se retrasen (aún más) los pedidos que se amontonan en el escritorio. Vamos a ver qué mandan.
-Soy Pablo, me acaban de mandar de la gerencia para trabajar en esta oficina, un gusto… mientras me extendía una mano sudorosa; sólo levanté la mirada y me escuché a mí mismo decir:
- Sentate y trabajá, si sólo venís a hacer sociales sos firme candidato al despido…

 

6 Responses to ' Compañeros '

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  1. on May 8th, 2008 at 5:09 pm

    Ja!

    Al final todo se pega menos la hermosura…

    en el fondo somos como esponjas, siempre impregnándonos de todo lo que nos rodea… y nuestras relaciones sociales no podían ser menos. Yo mismo te tengo descubierto alguna vez hablando con las madres de mis alumnos usando el mismo tono zalamero (para mí tan desquiciante) que usa mi jefa…

    Somos una extraña mezcla.

    Un abrazo (se te echaba de menos por aquí)

  2. Sakkarah said,

    on May 10th, 2008 at 5:56 pm

    Jajaja, es cierto que por lo visto, todo se pega. También es cierto que solemos tener mucha facilidad para el olvido, por eso a rey muerto…rey puesto.

    Me quedo embebida en tus escritos…

    Me encanta comoe scribes. Mil besos.


  3. on May 11th, 2008 at 4:34 pm

    Xanela:
    Nos pasa en todos los órdenes de la vida. Muchas veces nos quejamos amargamente de las actitudes de los demás, jurándonos a nosotros mismos que seríamos incapaces de cometer los mismos errores. Y todo eso cae cuando las circunstancias nos ponen desde la otra perspectiva. Quien sea padre, invariablemente sabrá de qué hablo.
    Xanela, te mando un enorme abrazo, hasta la próxima.


  4. on May 11th, 2008 at 4:48 pm

    Sakkarah:
    A veces no hay peor castigo que el destierro del recuerdo.
    Cuántas veces nos quejamos, rezongamos contra la impersonalidad en los ámbitos laborales. compartimos tiempo, vivencias, broncas, con perfectos desconocidos a los que la simple casualidad ha cruzado en nuestro camino. Y aunque a veces, a pesar de ese vínculo forzado, no elegido que representa la relación con el compañero que vino en suerte, intentamos tender un puente con esa otra persona, rara son las veces que se puede lograr.
    Compañeros, a los sumo nos une el hastío, para jefes encaramados en el Olimpo somos absolutamente fungibles. Pero a pesar de todo esto, en la primera oportunidad de acaraciar fugazmente algún sucedáneo del poder, rápidamente olvidamos todas las quejas pasadas y pasamos a ser parte de la mano que oprime.
    Tiempos de economía global, de empresas sin rostro, estar o no, sólo será el comentario de pasillo por unas horas, después sólo queda el destierro.
    Sakkarah, te agradezco nuevamente tu reconocimiento, te mando un enorme abrazo.

    P.D.: Tal vez este comentario sea un poco amargo, pero se le puede atribuir al hecho de que es domingo y estoy trabajando…

  5. camilo said,

    on May 16th, 2008 at 3:38 pm

    Se me ocurre como reflexión esa frase de “todo tiempo pasado fue mejor” vaya uno a saber.
    Creo que en cualquier tiempo y lugar, lo que más importa es la amistad.

    Disculpame por lo de instituto. Solo les deseo que les de bien el promedio. A nosotros nos faltan 4 puntos sobre 15 y como viene la mano; nos están matando los nervios.
    Saludos a Klimowichz!

  6. Jota said,

    on June 2nd, 2008 at 5:26 pm

    La verdad me reí del comentario de los calzones y la cabeza…
    Tiempo sin pasar por acá, un saludo

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