Camino
Ξ April 25th, 2008 | → | ∇ Relato, trabajo |

Las tardecitas de otoño son las más afables para caminar.
Debe ser el viento, que se cuela por entre las ropas, obstinádamente veraniegas, en esa suerte de desajuste estacional que nos lleva a no renunciar a su uso, terquedad que será cobrada con el escozor que irremediablemente provocará cada brisa.
Verdaderamente disfruto estas tardes, que me regalan calles desiertas, con el bullicio estival como mero recuerdo, una rebanada de paz, vacaciones del caos.
Tal vez por eso es que decido aventurarme al recorrido, sin rumbo ni destino por las estrechas veredas del pueblo.
Momentos. Pequeños momentos.
Apenas una sutil pincelada de libertad, el máximo lujo al que se puede aspirar. Pequeña meseta, sólo mía, presta a ser devorada con desaprensivo egoísmo.
La marcha. Los pasos. Uno tras otro, sucediéndose, llevándome sin apuro, mientras abril paga su tributo en mullida alfombra de hojas muertas.
La caminata siempre es buena para ordenar pensamientos; con música de fondo, claro está, tan claro como la inminente sordera, comprada en cómodas cuotas. Aceptar tal promesa con gracia, eso es, y de esta manera, enfrentado (y entregado) a lo inevitable, es que decido, sin el menor atisbo de culpa, hacer mi humilde contribución al colapaso ambiental, trocando el vapor que exhalo, por el humo que desecharán mis pulmones. No puedo evitar sentirme una gris y humeante fábrica.
La monotonía del camino pasa a segundo plano, debe ser por la música resonando en mis oídos, la que me transporta diez años a mi pasado, caminando como hoy, no en este mismo lugar, por supuesto, sino en la ciudad, tan lejana como aquellos tiempos.
Solo, como hoy, sin las preocupaciones como inmensas rocas en la mochila de la experiencia, tal vez con alguna, pero pequeña, casi insignificante, hoy perdida en las nebulosas del olvido, que esmerila los recuerdos a la vez que los idealiza.
El cigarrillo que agoniza, en consonancia con los últimos acordes de esta música que no necesita de palabras para evocar invariablemente la melancolía. Maldigo por enésima vez un destino que se regodea de su avaricia en el reparto del talento. Lo peor de la falta de talento no esa carencia en sí, sino la plena, cabal y absoluta certeza de su ausencia. Mediocre y conciente de ello. Perfecto para ser grabado en la lápida.
Pensamientos, sólo eso, con algo de masoquismo. Me convenzo de espantarlos, la noche hace rato ya que ha caído ¿De qué vale ahora autoflagelarse?
Y entonces, la claridad, o sólo el encandilamiento.
Las luces, burlonas, estridentementes obscenas indican el fin de la caminata. Sí, al fin de cuentas si había un destino.











on April 26th, 2008 at 6:58 am
Siempre he buscado solucinoes a mis problemas en mis lardos paseos, solo que los míos son por el monte, muchas veces me voy monte arriba y me pierdo entre el sonido del bosque intentando confundirme con él. Cuando regreso me encuentro diferente, como si la vida se me hubiera prolongado. Un saludo
on April 27th, 2008 at 1:22 pm
Sofi:
Es un gusto recibir tu comentario.
Coincido en lo casi terapéutico de una buena caminata, desgraciadamente es un gusto que no puedo darme muy a menudo.
Te mando un abrazo, gracias por la visita, hasta la próxima.
on April 28th, 2008 at 7:54 am
Me gusta…
Ha sido como dar un paseo contigo por esa calle. Ir escuchando lo que tú te hablablas a ti mismo interiorizando.
Me ha encantado pasear con ese tu andar armonioso. Aunque a mí, me gusta más la primavera y el verano.
No te acostumbres, porque no mereces que sea Mal, sino todo lo mejor, y vendrá.
Muchos besos.
on April 28th, 2008 at 11:18 am
Pásate por este blog, que tienes algo para ti.
Un beso.
on April 30th, 2008 at 5:59 am
Me gustan estos paseos en las tardes de otoño, aunque en mi ciudad supuestamente ahora sea primavera.
Me gusta leer como “hablas” contigo mismo.
Y si, normalmente una caminata a solas, un cigarro y la música a fondo son buenas para ordenar pensamientos… o simplemente para no pensar en nada.
Un beso
on May 7th, 2008 at 4:43 pm
Bucanerita:
Te agradezco enormemente que me tengas en cuenta, pero como te dije antes, corro el riesgo de creer que realmente lo pueda merecer…
Te reitero mis sinceros agradecimientos, espero siempre tu visita. Un enorme abrazo, hasta la próxima.
on May 7th, 2008 at 4:49 pm
Xanela:
La verdad es que el soliloquio existe en la vida real, yo mismo me he sorprendido a veces pensando en voz alta… aunque sea un recurso algo bastardeado por las telenovelas de la siesta…
Te mando un enorme abrazo, hasta la próxima, que espero sea en breve.