El fin de la cuesta

Ξ April 9th, 2008 | → | ∇ Relato |


Había sabido reinventarse.
Durante años, el pueblo había formado una imagen absolutamente negativa de él. Un verdadero monstruo. Cada pueblo, en especial los pequeños, como este, seguían una lógica que no podría aplicarse en otro lado, una forma de diferenciarse de otros cientos de lugares intrascendentes. Páramos carentes de identidad, sin otro rasgo distintivo que esa suerte de convención moral propia, única, nacida desde tiempos inmemoriales, de los años en los que apenas unas pocas personas luchaban con las inclemencias del clima y del aislamiento.
El tiempo pasó, generaciones se sucedieron, cientos de miles de anónimos olvidados, agotando su chispa sagrada a la sombra de ese cúmulo de casitas desperdigadas por entre los matorrales, sin lógica, sin método. Y a pesar de todos esos seres consumidos por la desmemoria, la moral del pueblo, siempre viva, alimentada de la savia vital de la mansedumbre.
Tablas de la ley, sin arbusto ni Moisés. Siempre dispuestas a lapidar a quienes osen contravenirla. Y él había sentido en su enjuto cuerpo las piedras de quienes se sentían puros. Toda su vida se había dirigido en ese sentido. Y se puede decir que hasta disfrutaba de ello.
Había nacido para ser un transgresor, lo consideraba una virtud, la que lo destacaba entre miles de oscuros personajes, hoy se podría decir que esa era la característica que lo emparentaba en la mediocridad del resto.
Los años de su juventud se agotaron en una nebulosa de excesos, los mismos que provocaban la mirada acusadora de los demás, unos, los más viejos, con el recelo de quien se llama a sí mismo a juzgar; otros, los más jóvenes, con el desprecio que nace de la envidia.
Cada uno de los miembros del pobre ensayo de sociedad estaba llamado a cumplir un papel en la tragedia del pueblo, un rol asignado en cara y ceca, estigma o salvación y su génesis azarosa. Hasta que decidió reinventarse.
Sólo contaría con sus propias armas en esta empresa. Sin aliados, la guerra de un hombre contra el destino. Y en su arsenal, palabras y un cinismo sin parangón. Era el momento, lo supo el día que la decadencia de la férrea moral del poblado iniciaba su desenfrenada marcha. Él sería lo que él quisiera que los demás vieran.
Lejos quedó aquel muchacho que solía consumir su lucidez sin otro plan que su propia destrucción, ahora su figura se paseaba descaradamente, enfundada en su traje oscuro, con la mirada carmesí recordando su pasado, marcando su presente, ajeno a los comentarios agoreros de quienes descreen de redenciones.
Cinco años. Lustro de cinismo latente, creciente a cada instante, su nuevo personaje exigía constantes esfuerzos, la devoción pagana a los dioses del renacer demandaba su ofrenda ritual, la sangre de sus víctimas, purificación de su pasado, tinte en su pira, el precio exigido por los bueyes de oro. Él lo consideraba justo, con eso le bastaba. Ahora sabrían quién podía ser; la sonrisa, mueca obscena tallada en su rostro, el corolario del cinismo.
Si el poder corrompe, la impunidad corrompe aún más. El tiempo exacerba los defectos y erosiona las virtudes, cuando lo descubrió ya rodaba sin control en la cuesta de sus vicios. El final, un horizonte otrora inescrutable, se plantaba hoy frente a sus narices. Lo comprendió esa mañana en que el hielo corrió por su espalda, cuando supo que los dioses simplemente lo habían desterrado al olvido. El final del declive. Decadencia e indiferencia.
El Rey ha muerto. Viva el Rey.

 

8 Responses to ' El fin de la cuesta '

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  1. on April 9th, 2008 at 5:31 pm

    Querido Despotricador:

    Cierto es: en ocasiones parece que no somos más que títeres de esta sociedad que nos otorga un rol determinado según edad, sexo… Tenemos que cumplir una serie de normas impuestas (¿por quién? ya nadie lo recuerda) para cumplir las expectativas que el conjunto de los que nos rodean parecen tener de nosotros.

    Y en cuanto alguien se sale de la línea marcada, es mirado con rechazo, expulsado del grupo, que se permite juzgarlo y criticarlo simplemente porque ha decidido que la trayectoria que predeterminadamente le habían marcado no era lo que quería.

    Somos ovejas del rebaño… y en ocasiones merece la pena ser la negra…

    Gran texto, me has hecho recordar cierta peripecia mía de días anteriores, que contaré otro día, cuando tenga más ganas…

    Un saludo!

  2. Sakkarah said,

    on April 13th, 2008 at 9:56 am

    Me gusta la gente transgresora. Uno no puede ser un borrego más en una sociedad moralista.

    El futuro es de las personas que logran destacar por ser ellos mismos.

    Muchos besos, me encanta leerte.

  3. camilo said,

    on April 25th, 2008 at 10:13 pm

    me llego “Cordobés”.
    Escribís bien. Ya te lo dije. no se si sirven mis aportes.
    Te mando un abrazo y este año asciende el Santo. Ya lo sabés!!


  4. on April 27th, 2008 at 1:29 pm

    Xanela:
    Es cierto, siempre se mira de reojo a quien piensa o actúa distinto, aún en el caso de quien me sirvió de base para este relato, que en su personalidad transgresora, o más bien, al amparo de ella, dió rienda suelta a lo peor de sí mismo, arrastrando a todos los que estaban de alguna manera en su órbita.
    Y es que tal vez, no todos los transgresores deban ser admirados…
    Te mando un enorme abrazo, y mis disculpas por la demora en la respuesta. Hasta la próxima.


  5. on April 27th, 2008 at 1:32 pm

    Sakkarah:
    El mundo es de los audaces, el problema es la intencionalidad que subyace detrás de cada transgresor individual.
    Sakkarah, te mando un gran abrazo, a vos también, mis disculpas por la tardanza de la respuesta.
    Hasta la próxima.


  6. on April 27th, 2008 at 1:36 pm

    Camilo:
    Muchas gracias Camulo, por supuesto que tus comentarios sirven, siempre es bueno saber que existen personas a las que se puede llegar de alguna manera.
    Si, está casi cantado que este año son de primera… pero miren que mañana (28/04) vienen para Alta Córdoba… a ver si nos pueden dar una manito, porque venimos mal.
    Un abrazo, Tucu, espero verte pronto.

  7. Yo la de siempre said,

    on May 17th, 2008 at 9:42 pm

    Hola querido despotricador, cuando leí tu post se me cruzaron varios personajes de traje oscuro que utilizan la mueca o la palmada en la espalda para empuñar con su otra mano el puñal que en esta ocación otro le clavo en la espalda.
    Un lustro, 20 años no es nada decia el Zorzal… pero la verdad que cinco son muchos, la pucha si lo sabre.
    Como verás he vuelto al ruedo, mis voces se van acallando o por lo menos siguen a mis acciones y pensamientos.
    Nos vemos en breve.
    Yo la de siempre


  8. on May 19th, 2008 at 2:24 am

    La de siempre:
    La mejor noticia es que estés otra vez en el ruedo. Si supieras las cosas que han pasado en un mes.. como para no asombrarse de cuánto puede pasar en cinco años.
    Utópico, o al menos demasiado ilusorio sería pensar que la falsedad no exista más, sin embargo, no por difundida en extremo debe ser tolerada. Desgraciadamente tendemos a nivelar hacia abajo, y lo que antes era repudiado estrepitosamente, es ahora aceptado, más por resignación que por convicción, pero aceptado al fin. Tal vez sea un grito en el desierto, pero prefiero el auliido en soledad que aturdirme con mi propia conciencia.
    Te mando un enorme abrazo, espero verte pronto.

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