El funeral

Ξ February 21st, 2008 | → | ∇ Relato |

ANGUSTIA
El día del entierro lo encontró presente. Naturalmente, si había estado en todos los momentos importantes de su vida, ¿cómo no iba a estar en su muerte?
Miraba absorto cómo aquel orificio en la pared de lápidas tragaba el cofre con los restos de quien fuera un verdadero imbécil. La escena le causó gracia, al punto de casi no poder contener la risa. Vos que nunca quisiste vivir hacinado en un edificio de departamentos, al final vas a estar un tiempo metido ahí
Rápidamente ejercitó su gesto más grave, debía recuperar la seriedad y el gesto adusto que la situación imponía.
Al final de cuentas, si no lo lograba no habría muchos testigos para su desliz. Pocos eran los que habían asistido, incluso él mismo se preguntaba si realmente era relevante su presencia allí.
Recordó la vida de quien estaba inerte dentro del cofre. Sólo un tipo mediocre, uno más en millones como él. Alguien que no había logrado trascender de las limitaciones que le imponían su carácter hosco, su mirada crítica hacia todo lo demás por fuera de él mismo y su reticencia a lo social.
Si, verdaderamente había sido un imbécil, siempre lo había pensado y nunca había juntado el coraje necesario para espetárselo en la cara, recriminarle su falta de interés hacia el resto de los mortales, su inmisericorde indiferencia ante el dolor ajeno. Y ahora, en el momento en que las oscuridades de la muerte y del olvido le reclamaban, tan sólo un puñado de personas estaban para presenciarlo.
Nadie derramó una lágrima, ni los amigos a los que descaradamente había echado al olvido, ni siquiera aquella pobre mujer que había decidido honrar sus votos matrimoniales, aún a costa de la miseria constante de la convivencia con un déspota.
Allí, de pie junto al ataúd, lejos de parecer atormentada por el dolor, más bien se la veía iluminada, su rostro, castigado por el tiempo y el sufrimiento, por vez primera lucía radiante. Como en los lejanos años de su juventud, cuando era una joven hermosa, prometedora desde su bagaje de ideas y sueños. El mundo no ofrecía límites para ella.
Hasta su llegada. Todo fue frustración en adelante.
Sólo unas personas más acompañaban el féretro. Desconocidos, seguramente pensando igual que él, como cerciorándose de que realmente estuviese muerto. Impacientes por ver sepultado de una vez por todas a aquel ser despreciable que había extendido su oscura influencia en sus vidas.
Hasta el sacerdote, recitando el rito en latín, un latín más propio de un niño que lucha con las declinaciones en la primaria que de alguien que debe haberlo repetido mil veces, seguramente más preocupado por la inminencia de la tormenta que amenzaba desde el horizonte.
Ya el servicio languidecía, todos los presentes deseando la culminación de las formalidades, para regresar a sus vidas; retomar la cotidianeidad de sus rutinas, en donde aquel hombre jamás había estado presente.
Los vio uno a uno abandonar el lugar, algunos esbozaban las mismas remanidas frases hechas que se estilan para el caso. Otros, ni siquiera eso.
Lo que fue promesa, ahora es certeza, la lluvia a cántaros espantó hasta a los curiosos. Sólo e?, el atúd y un empleado colocando la lápida quedaron en el lugar. Una última mirada antes de retirarse, sintió que al menos debía quedarse hasta que la pesada mole fuera ubicada en su lugar.
El empleado no reparó en él, o si lo hizo no le interesó demasiado, y de su boca manaron las últimas maldiciones al muerto por el descaro de morirse en un día lluvioso…
Una última mirada a la tumba, sólo eso y no volvería jamás. No pudo siquiera terminar el pensamiento, una ráfaga helada corrió por su espalda, la filosa navaja de la verdad. Aquella inscripción, en la sepultura de aquel hombre detestable no era sino su propio nombre.
El horror y la certeza.
A veces reconocemos nuestra propia miseria demasiado tarde.

 

8 Responses to ' El funeral '

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  1. Jota said,

    on February 22nd, 2008 at 9:14 am

    “...era del barrio, tumba sin flores… un pobre diablo con dientes de oro..”
    Al final todos quedaremos igual y no nos daremos cuenta quién está o no en nuestro propio funeral. Aunque hay muchos que ya están muertos en vida y no se dan cuenta.
    Saludos


  2. on February 22nd, 2008 at 7:12 pm

    Es verdad, toda la parafernalia de los funerales es ciertamente inútil, con sus frases hechas y la hipocresía que abunda en esos momentos.
    Hacia la muerte vamos todos, el hecho de adelantarse a ella, viviendo una existencia vacía, desaprovechando el instante fugaz de nuestra vida, es sumamente común.
    El problema es que algunos no llegan a percatarse jamás de ello.
    Jota, como siempre, agradezco tus comentarios.
    Te mando un abrazo, hasta la próxima.

  3. Sakkarah said,

    on February 23rd, 2008 at 11:30 pm

    Seguramente fue el fin de la pesadilla de muchos, aunque lo raro es que el empleado le dedicara unas malas palabras; porque normalmente a los muertos se les suele sacar a hombros. De todos se habla bien a pesar de que algunos fueron malísimos. Imagino que la tranquilidad de verles inertes para siempre, quita todos los malos sentimientos que contra ellos se tenían.

    Un beso, me encanta estar aquí.


  4. on February 24th, 2008 at 2:14 am

    Sakkarah:
    Es cierto, como se dice comúnmente: “todos los muertos han sido buenos”, pero me parece que a veces la regla empieza a regir una vez que están sepultados (más si hacen trabajar mucho al sepulturero).
    Y eso tal vez (la tendencia a considerar buenos a los que ya no están) sea una más de las maneras en que se manifiesta el temor a la muerte y fundamentalmente a lo desconocido. Eso, sumado a otro elemento, el paso del tiempo desdibuja los recuerdos, haciendo que lo que se piensa de los muertos se tergiverse de tal manera que termina siendo algo bastante alejado de lo que en realidad fue. Pero ese es otro tema…
    Sakkarah, te agradezco enormemente que seas una de quienes me acompañan en esta nueva etapa (por nombrarlo de alguna manera) Te mando un abrazo enorme, hasta la próxima.

  5. remus said,

    on February 28th, 2008 at 9:42 pm

    Despotricador:

    Muy bueno el cambio de imagen, la foto del encabezado es muy buena… bien me gusta tu nuevo sitio. El color del fondo es mi preferido.
    Es un placer volver a leerte y sorprenderme con el nuevo espacio.


  6. on February 28th, 2008 at 9:56 pm

    Remus:
    Me alegro que te guste, siempre es bueno cambiar de aire, por eso decidí no prolongar más la espera y hacer el salto al vacío…
    De a poco voy a ir mejorándolo, estoy armando una selección de música que me gusta para poder agregarla al blog.
    Es un placer volver a leerte.
    Te mando un enorme abrazo, hasta la próxima.


  7. on March 8th, 2008 at 12:54 am

    Me gustaría pedirle a los que me recuerden cuando muera, si es que alguien lo hace, que no me divinice, es decir, que me recuerde tal y como fui, con mis pequeñas virtudes, mis grandes defectos… completa y entera, sin tener que “endiosarme” o tener que hablar de repente bien de mi sólo por haberme muerto… que desaparezca no significa que de repente mis defectos hayan desaparecido. me da la sensación de que hacer eso es una forma de ocultar el recuerdo del difunto.

    Parece como si así quiséramos recordar a la persona que queríamos que hubiera sido, y no la que fue realmente.

    Gran texto, me ha hecho reflexionar (ahora sólo espero poder publicar de una ….... vez el comentario, que ya te tengo dicho que no lo consigo). Un fuerte abrazo. Sigo a la espera de nuevos textos :)


  8. on March 8th, 2008 at 1:05 am

    Xanela:
    Desgraciadamente se da a menudo esa costumbre de elevar a los difuntos a estados de casi perfección.
    Caemos en aquello de la idealización, es como si quisieramos recordar a las personas con todas las características que hubiésemos querido que tuvieran y no lo que realmente fueron.
    Lo vemos normalmente con los próceres, de quienes nos llegan versiones absolutamente heroicas de sus vidas, como si toda su existencia no hubiese tenido mancha alguna, desvirtuando la realidad: el carácter perfectible del hombre, sujeto a la posibilidad de equivocarse, de aprender o no de ello.
    Te agradezco enormemente el comentario, y como verás, me tomé la libertad de transcribirlo.
    Te mando un enorme abrazo, hasta la próxima.

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