Una chispa entre dos vacíos

Ξ September 14th, 2007 | → 3 Comments | ∇ Pensamientos |


Nos debemos a nuestras decisiones. A lo largo de nuestras vidas cada elección determina el rumbo a donde se dirigirá nuestra existencia, cada una de ellas representa ese camino del que ya no nos podremos apartar, aunque a veces se pueda retroceder e incluso salirse de la ruta, pero invariablemente éste dejará su huella indeleble.
Y así, a lo largo del tiempo vemos cómo los ideales ceden a la presión de las obligaciones, cómo los sueños sucumben al peso de la realidad, nuestra realidad autoimpuesta. Cada elección es una celda de la misma cárcel. Vanamente intentamos salir de ellas para descubrir con pavor que no es sino el camino a la próxima, y así sucesiva, incesante, sentimos la contundencia del mazo realista, machacando con fatal vigor sobre los restos enjutos de nuestro espíritu. Inventamos placebos para ocultarlo mientras soñamos con los felices momentos en que el mundo se abría como caleidoscopio de posiblidades, cuando podíamos volar sin medir las consecuencias, hombres libres, de pensamientos creadores y acciones concretas.
Pero la masa arrastra, lentamente nos lleva a su lúgubre guarida y así nos vamos apiñando convirtiéndonos en bestias informes consumistas y conformistas, renunciantes de nuestras cualidades humanas, detractores de quien piensa diferente o al menos piensa, Cerberos para quien se atreve a ser libre.
Somos dueños de nuestros destinos, nuestra existencia nos pertenece, desperdiciamos la fugacidad de nuestras vidas buscando sucedáneos para la felicidad, inventamos dioses y erigimos líderes destruyendo lo único verdadero, tangible: nosotros. La vida es una chispa entre dos oscuridades, fugaz e irremplazable, una vez extinta sólo quedarán nuestros restos corrompiéndose y nuestra esencia disuelta en el universo. Nuestro paso por la vida no debe ser un largo tedio desapasionado en espera de la muerte, siglos de engaños contribuyen a ver nuestra llama extinguirse en la espera de una eternidad a la que nos aferramos con esperanza. Conquistemos los límites de nuestras celdas, no permitamos que la oscuridad de nuestros temores nos oculte el camino.
En esa lucha está la felicidad, es sólo cuestión de elegir el camino adecuado.

 

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