Traiciones

Ξ September 28th, 2007 | → 4 Comments | ∇ Relato |



Pater noster, qui es in caelis:

El látigo cruza despiadado. Una, dos, las necesarias. Nada parece ser suficiente, ya no es cuestión de merecerlo, tan sólo sentirlo. Uno tras otro se suceden, siguiendo el macabro ritmo, todo se trata de ritmo.

Cada marca es una herida del alma, ésas duelen y la agonía se polonga, aún cuando cierran las otras. Por eso sigue, el dolor mitiga, el dolor distrae. De esa manera, por dolor, se reconoce con vida, ya de no sentirlo sería un fantasma más. Uno más como los que le atormentan.

sanrificétur nomen tuum; advéniat regnum tuum; fiat volúntas tua, sicut en caelo, et in terra.

Seguir adelante, aunque su cuerpo se retuerza con cada laceración, debe hacerlo. Gotas de esa sangre maldita dibujan estrellas en las húmedas paredes de la celda. Los fantasmas regresan, cruel sadismo que destruye su cerebro. La locura sería la salvación, al menos una excusa. Pero no. Sabe que existen, que esperan pacientes, hábiles estrategas en procura del mejor momento para aplicar su estocada.

Panem nostrum cotidiánum da nobis hódie

Sólo su dolor le pertenece, nada más en este mundo, elecciones que supo hacer y a las que se debe. Y el ensordecedor sonido rasgando el aire y su carne. Los fantasmas no se alejan, ya el dolor no los espanta. Motivos de sobra para no detenerse. Carga con los espectros de su culpa, no será tan fácil alejarlos. El cuero abriendo surcos sobre donde ya hubo otros, y en cada uno de ellos un alma carcomida por su pasado se trasluce.

et dimitte nobis débita nostra, sicus et nos dimíttimus debitóribus nostris;

Ahora, compelido por el deber, su tortura se acentúa. Se sabe culpable, como juez y verdugo de sí mismo cumple con su pena. Su alma debe limpiarse, aunque en el camino se vaya la vida. Sabe que todos los días serán iguales. Su pasión es su destino. Su pasión fue su perdición. Y lo acepta. No hay opciones ante lo ya consumado.

et ne nos indúcas tentatiónem; sed líbera nos a malo.

Sus fuerzas ya no le acompañan, largo ha sido el martirio, su cuerpo no podrá soportarlo demasiado. Su alma se niega a ceder. Y debe callarla. Con los últimos exhalos del pesado aire escapa el aliento de la vida. Todo debe terminar. Pero no hay luz al final del túnel.
Cae el látigo, ya sus brazos no darán su mortal silbido. Es momento de descansar, aunque para él no hay descanso. Sólo silencio, sólo dolor. Un fantasma más. Una eternidad de dolor no será suficiente para lavar sus errores.
No hay peor pecado que la traición.
No hay peor traición que la de nuestros propios ideales.

Amen.

 

Mi Platero

Ξ September 25th, 2007 | → 3 Comments | ∇ trabajo |

¡Qué hermosos días aquellos!
El sol acariciaba tus ojos en las mañanas, libre, fundamentalmente libre. Mientras sus rayos, apenas tibios rozaban tu piel y sentías el estremecimiento placentero que indicaba que un nuevo día se abría, pleno, despreocupado. Lentamente iba ganando lugar por entre las piedras de tu cueva, mientras los destellos iluminaban las rocosas paredes de tu hogar. ¡Otro maravilloso día! pensabas mientras el aire fresco llenaba tus pulmones con esa pureza que no conocen en las ciudades.
Tu vida era la utopía de los hombres, con sus palabras y sus ciudades, pero en el fondo anhelando ser igual de libres. ¡Cómo envidiaban la libertad! Tu libertad, de tan familiar no podías percibirla, no era necesario, la vivías y sólo eso te bastaba. De qué serviría adentrarse en las penumbras de cavilaciones estériles, la tenías y tal vez no la valoraste lo necesario.
Tu vida transcurría con la parsimonia que sería tu signo distintivo. La quietud de esas calurosas siestas, apenas perturbadas por la presencia constante de esas moscas (¡esas molestas moscas!). Pero algo empezaba a molestarte…
El tiempo seguía su marcha implacable, mientras la liviandad de tus días se tornaba agobiante. Entonces lo decidiste. Un cambio, eso necesitabas. Un nuevo inicio, dejaste el silencio de las montañas y te adentraste en el mundo de los hombres. Sólo hay una dirección en ese camino.
Al principio todo te maravillaba, esta nueva vida era más hermosa aún de lo que esperabas. El mundo de los hombres con sus tentaciones y su felicidad fungible te encandiló más que tu viejo sol. Ahora todo es perfecto recitabas en las noches, como una plegaria, casi intentando sobornar al destino.
Esa tozudez, tan tuya como tus orejas, como el manto gris que cubrió tu cuerpo desde aquellos temblorosos primeros pasos, te ayudaron (en el mundo de los hombres es una virtud), tanto como la fortaleza que te habían legado los años en las montañas. Por eso te destacaste.
Ahora todo es perfecto, tu plegaria y su soborno.
Y el tiempo, que sólo sigue sin inmutarse por nada, continuó su paso firme. Fueron años deliciosos, y supiste aprovecharlos. Bebiste su néctar con la misma avidez con la que complacías tus más terrenales deseos. Entonces, la oportunidad.
El viejo patriarca sucumbía al peso de los años, y con su caída avizorabas tu ascenso a la gloria. Al fin todo sería como ni siquiera en sueños te hubieses animado a pensar. Habían sido años de servil apego al líder en desgracia, esperando la oportunidad, acechando en la oscuridad, cargando con su peso para ganar su confianza. Su confianza, esa que te henchía de vanidad, la que te destacaba del resto.
Pero el mundo de los hombres ofrece ilusiones, sólo eso, y confundiste el camino. Ahora, justo ahora que al fin conseguiste ser quien lleve el estandarte, sucumbiste al canto de las sirenas.
Tu tozudez, tu virtud más destacada, tu orgullo y la marca indeleble de tu naturaleza mostró su cara más cruel.
Y ahora, tu caída. La Naturaleza es impiadosa y al abrirse completamente mostró su fatal designio.
Que todo termine, tu plegaria y el soborno a un destino incorruptible.
Porque en el mundo de los hombres la vida es más dura que en las montañas, ahora lo comprendiste, pero ya es tarde. Es hora de aceptar tu inefable destino.
Porque todo debe recuperar su equilibrio. Porque el mundo no es como lo pensaste. Porque no pensaste. Porque de un burro… no pueden esperarse más que patadas.

Aún estás a tiempo, siempre tendrás las montañas en tu corazón. Que sirva como humilde dedicatoria a quien no necesita ser nombrado y a todos los borricos que no pudieron trascender sus limitaciones.

 

Ecos

Ξ September 22nd, 2007 | → 5 Comments | ∇ Relato, trabajo |


Ecos en el silencio de la noche. Sólo ecos, rítmicos, monótonos. Como siempre.
Un corazón late con la misma cadencia gris desde que ya no tiene razón de ser. Monótonos, como la vida después de haberla perdido, quién lo hubiera pensado años atrás, días de certezas de una jornada; nada más importaba, sólo el disfrute casi obsceno de cada segundo.
Hasta esa noche.
Llenaba la exuberancia del ambiente los ojos abiertos, como no queriendo perder ni un solo color, ni un solo detalle de esa infinidad que es el mundo. Sólo fue necesario un golpe, casi nada hubiese pensado cualquiera, pero el dolor varía según quién sufre y quién opina. Sólo uno, enérgico, bien asestado, no era necesario que fuese ruidoso y grosero; con uno fue suficiente para borrar en el mismo impacto los últimos esbozos de alegría en su alma. Todo tomaba forma ahora.
Sólo un músculo en su pecho, con su ritmo implacable, pero nada más.
La vida es más que los estertores de un músculo, pero ahora, reducido sólo a eso su mente había usurpado ese lugar, ahora que la razón dominaba su vida toda ella se veía salpicada de una mecanicidad que no se podría concebir de no ser por la ausencia de sentimientos.
Ahora cada movimiento era sólo reflejos, electricidad accionando un cúmulo de nervios y carne. La mirada vacía, intentando no fijarse en nada, como tratando de atravesar todo, completaba el cuadro.
Ya nada era igual; al principio el náufrago se aferra a los restos del barco que se hunde, pero cuando las fuerzas lo abandonan se entrega a su destino. Estaba ocurriendo.
Y así, como siguiendo un mal libreto, sus días transcurrían lánguidos, monocromos. Como los ancianos, se regodeaba en recuerdos deformados, momentos contaminados por el tiempo, que todo idealiza. Su mirada cada vez más esquiva se zambullía en ese mundo ficticio, sólo suyo, hecho a medida, el lugar donde sus sueños vivían y crecían a expensas de su cordura.
Ya la razón cedía, como un baobab incrustándose, avanzaba su locura, inefable, llevándose sus últimos resquicios de vida, arrastrándolo a su existencia ideal.
El mundo ya no fue su lugar, sólo los ecos estaban ahí, recordándole su presencia pero nada más. En su mente, retozando en los brazos de un amor perdido, en fantasías donde protagonizaba heroicas gestas, ahí estaba él.
Entonces, como por un golpe de agua helada, volvió a la realidad. Entre confundido y feliz supo qué debía hacer. Entonces regresó a casa.
Es extraño cómo el tedio puede afectar a algunos. Sólo fueron ocho horas.

 

Una chispa entre dos vacíos

Ξ September 14th, 2007 | → 3 Comments | ∇ Pensamientos |


Nos debemos a nuestras decisiones. A lo largo de nuestras vidas cada elección determina el rumbo a donde se dirigirá nuestra existencia, cada una de ellas representa ese camino del que ya no nos podremos apartar, aunque a veces se pueda retroceder e incluso salirse de la ruta, pero invariablemente éste dejará su huella indeleble.
Y así, a lo largo del tiempo vemos cómo los ideales ceden a la presión de las obligaciones, cómo los sueños sucumben al peso de la realidad, nuestra realidad autoimpuesta. Cada elección es una celda de la misma cárcel. Vanamente intentamos salir de ellas para descubrir con pavor que no es sino el camino a la próxima, y así sucesiva, incesante, sentimos la contundencia del mazo realista, machacando con fatal vigor sobre los restos enjutos de nuestro espíritu. Inventamos placebos para ocultarlo mientras soñamos con los felices momentos en que el mundo se abría como caleidoscopio de posiblidades, cuando podíamos volar sin medir las consecuencias, hombres libres, de pensamientos creadores y acciones concretas.
Pero la masa arrastra, lentamente nos lleva a su lúgubre guarida y así nos vamos apiñando convirtiéndonos en bestias informes consumistas y conformistas, renunciantes de nuestras cualidades humanas, detractores de quien piensa diferente o al menos piensa, Cerberos para quien se atreve a ser libre.
Somos dueños de nuestros destinos, nuestra existencia nos pertenece, desperdiciamos la fugacidad de nuestras vidas buscando sucedáneos para la felicidad, inventamos dioses y erigimos líderes destruyendo lo único verdadero, tangible: nosotros. La vida es una chispa entre dos oscuridades, fugaz e irremplazable, una vez extinta sólo quedarán nuestros restos corrompiéndose y nuestra esencia disuelta en el universo. Nuestro paso por la vida no debe ser un largo tedio desapasionado en espera de la muerte, siglos de engaños contribuyen a ver nuestra llama extinguirse en la espera de una eternidad a la que nos aferramos con esperanza. Conquistemos los límites de nuestras celdas, no permitamos que la oscuridad de nuestros temores nos oculte el camino.
En esa lucha está la felicidad, es sólo cuestión de elegir el camino adecuado.

 

LA TRAGEDIA DE PUEBLO GÓMEZ

Ξ September 7th, 2007 | → 4 Comments | ∇ Relato |


Pueblo Gómez es un paradisíaco paraje ubicado en una zona privilegiada. Esto es así porque a pesar de estar a pocos km. de la ciudad capital, conserva aún su espíritu de pequeño poblado, en contacto con la naturaleza y de costumbres de antaño. Estas polaridades son una constante en la vida de los pacíficos gomecinos.
Porque los gomecinos son personas muy especiales, por un lado afables y solidarios, por el otro sumamente desconfiados… sobre todo con la contaminación foránea. Esta contaminación se traduce en la explosión demográfica que carcome los cimientos de la centenaria villa, por esta razón, cualquier recién llegado de la ciudad capital será tratado fría e indolosamente.
El gomecino es en esencia un conservador innato, por eso se resiste a los cambios, por eso se aferra a su estilo de vida lento y sin mayores pretensiones.
Pueblo Gómez es una ciudad ahora, muy a pesar de los denodados intentos de los gomecinos la población ha crecido en forma geométrica. Esto ha traído innumerables inconvenientes a los viejos habitantes del otrora pacífico poblado.
Sin embargo, algunos gomecinos vieron en esto una posibilidad muy interesante para que el nombre de Pueblo Gómez sea conocido en todos los rincones de la republiqueta. Pensaron mucho, largas fueron las noches en las que los creativos gomecinos urdieron planes ambiciosos para conseguir que el pueblito se convierta en un polo turístico (la situación de la republiqueta no era la de antes, ahora las vacaciones debían ser en lugares más accesibles). Pero ¿cómo hacerlo? Pueblo Gómez no contaba con atractivos naturales distintivos, la infraestructura no era la adecuada, para poder lograr que se convirtiera en La Meca del turismo de la empobrecida clase media, debían hacerse profundos cambios en la oferta de atracciones para los potenciales visitantes.
Entonces desde el desvencijado edificio del centro comunal surgió una idea que, sin solucionar los problemas que se habían planteado, podría conseguir la tan anhelada consideración nacional… “¡Señores: Pueblo Gómez apelará a la nostalgia!” dijo el creador de tan desopilante plan… mientras los gomecinos del poder, aplaudían a rabiar: ” ¡Bravo, bravo!” Con esta genialidad digna de la mentada astucia gomecina, se podrían evitar derroches inútiles en obras públicas. Así, en aquel oscuro día lunes se puso en marcha el operativo “Posicionamiento”.
El alcalde de Pueblo Gómez festejaba orgulloso la puesta en marcha del plan, pero necesitaba urgentemente fondos para la imprescindible publicidad… otra idea genial brotó de su fecunda imaginación:
¡Que venga el juego a Pueblo Gómez!
Pueblo Gómez era ahora otra ciudad, una suerte de Atlantic City del subdesarrollo, sus clásicas polaridades eran sumamente latentes ahora. Una ciudad con dos Casinos y ningún hospital. El transporte era calamitoso, pero a los gomecinos les atraían más los turistas con moviliad propia.
De allí en más todo giró en torno a este ambicioso plan. Como forma de apelar a la nostalgia habían conseguido ser la nota de color en varios noticieros de la Gran Capital (¿será verdad que a cambio de un considerable óbolo? Tal vez sean sólo los comentarios de los malintencionados detractores del Alcalde). Por supuesto que la imaginación gomecina no se detenía allí, para lograr que todo cierre, eligieron tomar una actitud retro y ambientar la ciudad como una caricatura de la vida de hace 50 años. Claro, ahora todo tenía sentido, cartelería, espectáculos, ambientación, todo combinando con servicios públicos atrasados 50 años. Los gomecinos tenían cartelería ornamentada según el plan, pero seguían buscando leña para calentar sus casas, sus calles eran de tierra, descuidadas y sin señalizar. Sus avenidas eran una calamidad, pero al Alcalde sólo le interesaban los jugosos ingresos de los casinos y el crecimiento de su plan de turismo.
Pasó el tiempo, y los gomecinos vieron cómo el pueblo iba conociendo los vicios de la ciudad, y ahora recuerdan con nostalgia los días en que todos se conocían y se caminaba seguro en las calles. Pero ahora es una ciudad, con dos casinos y ningún hospital, con prostíbulos y prestamistas, y con los suspiros de los gomecinos más viejos, a quienes de vez en cuando se le cae una lágrima recordando los gloriosos años en que eran intrascendentes.

 

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